Los últimos resultados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) muestran una caída de la pobreza en Argentina. Pero antes de entrar en los números, conviene aclarar algo importante: el aumento de los ingresos que recoge la EPH mostró importantes diferencias con lo que aparece en los registros oficiales de salarios y jubilaciones.
Según la EPH, cerca de 2,3 millones de personas dejaron de ser pobres respecto del primer semestre de 2023. La mejora se observa de manera transversal en distintas categorías ocupacionales. En particular, la disminución de la pobreza es muy marcada entre los jubilados, donde la cantidad de personas pobres se reduce en torno al 74%, seguida por los empleados públicos (-43%), los asalariados registrados (-37%) y los asalariados no registrados (-21%). Esta dinámica en los ingresos laborales y previsionales se traduce, de forma mecánica, en una mejora de la situación de los hogares donde cohabitan con personas inactivas, reforzando el carácter agregado del fenómeno.
Al observar los indicadores de incidencia, el cambio es igualmente relevante. Mientras que en el primer semestre de 2023 casi el 47% de los asalariados no registrados residía en hogares bajo la línea de pobreza, en 2025 esa proporción se reduce al 37%. En el caso de los jubilados, la caída es aún más pronunciada: del 19% al 8%. Estos resultados sugieren una mejora sustantiva en la capacidad de los ingresos para cubrir la canasta básica total.
Bueno, aquí es donde tenemos un primer problema. Porque la EPH está captando que los ingresos crecieron bastante más de lo que los registros administrativos muestran.
¿Por qué ocurren estas discrepancias? Encuestas como la EPH dependen de lo que las personas responden en entrevistas. Ahí puede haber errores de recuerdo, subdeclaración o sobredeclaración de ingresos, y también problemas de cobertura (por ejemplo, hogares que no contestan o que no están bien representados). Los registros suelen considerarse más confiables porque reflejan aportes y remuneraciones efectivas, con controles y auditorías. La EPH, en cambio, es muy valiosa porque capta sectores que no figuran en los registros (como trabajadores informales o cuentapropistas), pero puede mostrar variaciones más amplias o inconsistentes. Esto se suele agravar en momentos de alta inflación, donde la variación de lo cobramos de un mes a otro suele ser importante.
Vamos a ver el detalle:
Según la EPH, los ingresos reales muestran incrementos de dos dígitos en prácticamente todas las categorías ocupacionales, con la excepción de los empleados públicos, donde el crecimiento es más acotado. En el caso de los trabajadores registrados, la EPH arroja una mejora real cercana al 12% interanual en el primer semestre de 2025, un registro sensiblemente más elevado que el observado en las fuentes administrativas: el SIPA muestra apenas un crecimiento real del 1%, mientras que el índice de salarios del sector privado registrado incluso exhibe una caída del 2,3%.
La discrepancia es aún mayor en el sector público. Mientras que la EPH refleja un aumento real de los ingresos del orden del 3%, las estadísticas salariales oficiales muestran una contracción superior al 18%. Esta brecha entre fuentes no es menor, ya que tiene implicancias directas sobre la lectura del proceso de mejora distributiva.
En los segmentos donde no existen fuentes administrativas alternativas —como los asalariados no registrados y los cuentapropistas— la EPH registra una recomposición real de los ingresos superior al 20%, lo que contribuye de manera decisiva a la reducción de la pobreza observada.
Algo similar ocurre con los ingresos no laborales: los jubilados muestran una mejora real cercana al 20%, un comportamiento que no resulta plenamente consistente con la evolución de la fórmula de movilidad previsional
Además, la reducción de la pobreza estuvo reforzada por la caída real de la canasta básica total (entre 5% y 6% según región), lo que abarató el umbral de pobreza. Acá tenemos nuestro segundo problema. Un estudio de Equilibra advierte que esta “licuación” responde a problemas metodológicos: la CBT oficial sigue calculándose con ponderadores de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2004/05, lo que subestima la línea de pobreza en un contexto de cambios en precios relativos y patrones de consumo.
Para evaluar la consistencia de estos resultados, se realizó un ejercicio de simulación. Partiendo de los microdatos del primer semestre de 2023, se actualizaron los ingresos laborales utilizando exclusivamente la evolución observada en las fuentes administrativas. [1].
Bajo este supuesto, la pobreza no sólo no se reduce, sino que aumenta cerca de un 9% en cantidad de personas, impulsada principalmente por el deterioro relativo de los ingresos de los empleados públicos, los jubilados y los asalariados privados no registrados.
Medido en términos de incidencia, la pobreza hubiera alcanzado al 44% de los indivudios, lo cual implica un crecimiento de 3.p.p con respecto al 1S-2023.
[1] La actualización incluye tanto a los ingresos por la ocupación principal (p21), como remuneraciones no habituales (PP08D4/ PP08J1/ PP08J2/ PP08J3), secundarias (TOT_P12) e ingresos no laborables (v2_m en adelante).

