Esta semana fue noticia la renuncia del titular del INDEC y la posterior cancelación del lanzamiento del nuevo IPC. Como muestra el Instituo Argentina Grande en su último informe, los nuevos ponderadores - que reflejan mucho mejor en qué gastan las familias hoy y por lo tanto, como les afectan los aumentos de precios - hubiesen implicado una inflación mucho más alta desde que asumió Milei: 5 de los 6 rubros que ganarían peso en el cálculo del IPC aumentaron por encima de la inflación.
Para adelante, seguiría siendo así: los precios de las tarifas seguirán aumentando por la quita de subsidios, el precio de combustible seguirá aumentando por la actualización impositiva, el transporte seguirá aumentando también ante la quita de subsidios y actualización tarifaria. La desregulación sobre prepagas, colegios y comunicaciones también favorece a que estos rubros sigan aumentando. Mientras que los bienes (alimentos, ropa, electrodomésticos) que perderian peso en el nuevo ipc, se ven acorralados por la competencia extranjera y la producción nacional.
Es decir, que para 2026 era esperable que el nuevo índice devolviera una inflación mayor (y más realista) que actual. No obstante, con la cancelación del nuevo índice, no solo se "disfraza" el verdadero impacto de la suba de precios. El informe semanal del Banco Provincia (accesible acá) agrega un dato fundamental: Según sus estimaciones el Estado Nacional se ahorraría casi 5 billones de pesos por la menor actualización de prestaciones sociales y los menores pagos asociados a los títulos públicos capitalizables por CER.
En otras palabras, el gobierno va a ahorrar en subsidios por un lado, permitiendo que las tarifas aumenten, a la vez que va a recaudar más por los mayores precios. Pero esos aumentos no se van a ver correctamente reflejados en el índice de precios y por lo tanto, las partidas que dependen de la inflación como jubilaciones o asignaciones familiares no van a aumentar lo que deberían. Con eso, el gobierno obtiene un doble ahorro. ¿Para qué? Quién sabe.

